la celebración de la fiesta de los piostros |
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Cada año, el día 7 de septiembre por la tarde se reúnen los piostros en la puerta de la casa de uno de los mayordomos, recorren las calles del pueblo para buscar, si la hubiera, a una segunda persona que sirva la Virgen y después se dirigen a la parroquia del Salvador para recoger la imagen de la Virgen de Piedrasantas, que ha permanecido en el pueblo desde mediados del mes de agosto, y a continuación emprenden el camino de la ermita, a orillas del arroyo Santa María.
Una vez en el santuario se oficia una misa y los jinetes y autoridades son invitados a un refrigerio por los mayordomos. Es típico servir en este convite un típico refresco hecho con vino, melocotón y canela. Tras el refrigerio, que también ha servido para que las caballerías se tomen un descanso, los piostros emprenden el camino de regreso al pueblo, al que llegan cuando la noche empieza a vencer al día. Ya en el casco urbano se procede a acompañar a los mayordomos a sus respectivos domicilios. El día 8 de septiembre por la mañana se reúnen de nuevo los piostros y tras recoger a los mayordomos en sus respectivos domicilios se dirigen hacia la ermita, donde nada más llegar comienza una solemne función religiosa en honor de la Virgen de Piedrasantas. Tras la misa se procede a sacar en procesión la imagen de la Patrona, que transcurre por los alrededores del santuario y cuyo recorrido incluye el paso por el estrecho puente construido en el año 1913 sobre el arroyo Santa María. Tras alternar un par de horas, los piostros emprenden el camino de regreso a Pedroche y es a la llegada a la localidad cuando se produce unos de los momentos más espectaculares de la fiesta. Poco antes de llegar a la denominada Cuesta de El Molar los más atrevidos se separan del grupo, que hasta ese momento ha marchado a un paso tranquilo, para lanzarse en vistosas carreras, bien de forma individual o en pequeños grupos, mientras los numerosos curiosos apostados a ambos lados de la carretera aplauden con fuerza la pericia de los jinetes. Una vez repuestos del esfuerzo, los jinetes que han llegado primero esperan a los que aún faltan por llegar y todos proceden a acompañar a sus casas a los mayordomos, despidiéndose hasta el año siguiente. |